10 datos curiosos de Carretera Austral

Por: Evelyn Pfeiffer / Periodista y Fotógrafa
Contacto: @evelynpfeiffer

Ilustraciones: Constanza Bravo / Diseñadora Gráfica
Contacto: @geoturismopatag

1. El gran Pataghon

Partamos con el mítico nombre de estas tierras. El nombre deriva de patagones, nombre que Magallanes le dio a los indígenas aónikenk (tehuelches), cuando tuvo un primer encuentro con ellos. En el colegio nos enseñaron que este nombre se debía a las grandes huellas que dejaban al cubrirse los pies con pieles de guanaco, pero esta teoría hace un buen rato que se considera errada y obsoleta. La historia correcta sería que el navegante era un asiduo lector de un libro de caballería llamado Primaleón, donde uno de los personajes era un gigante llamado Pataghon. Magallanes al ver a los corpulentos aónikenk, los llamó patagones haciendo honor a este personaje.

Libro Patagonia

2. La tierra de los gigantes

El mismo encuentro entre españoles y aónikenk, echó a correr otro mito: en Patagonia vivían gigantes y los primeros mapas del Nuevo Mundo en variadas ocasiones agregaban la etiqueta “gigantum regio” (región de los gigantes) a esta zona. Antonio Pigafetta, el cronista del viaje, lo describió así: “Un día, de pronto, descubrimos a un hombre de gigantesca estatura, el cual, desnudo sobre la ribera del puerto, bailaba, cantaba y vertía polvo sobre su cabeza. (…) Era tan alto él, que no le pasábamos de la cintura, y bien conforme”.
La mayoría dice que esta historia —y otras crónicas que le siguieron— es una mera exageración, ya que los españoles medían apenas 1,50 m, mientras los aónikenk tenían una altura promedio 1,80 m y muchos llegaban a los 2 m. Sin embargo, muchos creen que existió algo más que nuestra ciencia aún desconoce y que podrían ser los mismos seres descritos en pasajes de la Biblia, o en la mitología sumeria, nórdica y griega, entre otros.

Gigante Patagón

3. El dragón de la Patagonia

Pocos saben que estas tierras son tan mágicas, que hasta tienen a su propio dragón. En realidad es un pequeño insecto de aproximadamente 15 mm cuyo nombre científico es Andiperla willinki. Vive en Aysén y Magallanes en glaciares de Campos de Hielo y Cordillera Darwin.
Es un insecto plecóptero de la familia Gripopterygiidae, no tiene alas y su cuerpo tiene un anticongelante natural a base de glicerol (similar al que se usa en los sistemas de refrigeración de automóviles), que evita que el insecto pueda morir congelado. Se alimenta de bacterias que viven en el hielo, depositadas por el viento, también de micro algas en las fases larvarias y de desechos orgánicos de ambientes naturales. Su hábitat no lo comparte con otros insectos ni vertebrados.

Dragón de la Patagonia

4. Un dinosaurio carnívoro, pero herbívoro

El Chilesaurus diegosuarezi es uno de los dinosaurios más extraños jamás descubiertos, porque mezcla rasgos de los tres principales grupos en que se dividen los dinosaurios: terópodos, que eran mayoritariamente carnívoros, ornitisquios y sauropodomorfos, ambos herbívoros. Se determinó que pertenece al linaje de los terópodos (como el velociraptor o el tiranosaurio), pero que en algún punto de la evolución perdió la condición de carnívoro y, a su vez, la de ser un ágil corredor. Es decir, evolucionó a herbívoro. Fue descubierto en el sector de Mallín Grande, en las cercanías del lago General Carrera.

Dinosaurio Patagonia

5. Un lago monstruoso

Tiene brazos, nunca verás el fondo y es imposible pescar en él. Nos referimos al lago O’Higgins, uno de los más grandes de Sudamérica con 1.013 km² y que compartimos con Argentina, donde toma el nombre de San Martín.
Es el lago más profundo de América y el quinto en el mundo con 836 m de profundidad máxima. Las características que más llaman la atención es su fisonomía de ocho brazos y su intenso color turquesa, producido por la gran cantidad de sedimentos que son acarreados a sus aguas desde los glaciares de Campo de Hielo Sur. La cantidad de sedimentos es tan alta, que en este lago no viven peces.

Lago Monstruoso

6. El puerto que no es puerto y la caleta que no es caleta

La Carretera Austral guarda algunos poblados con nombres que podrían confundir a cualquiera. Uno de ellos es Puerto Aysén, que alguna vez fue puerto y capital de la región, pero en la década de los ’60, la acumulación de sedimentos del río lo dejaron inhabilitado para grandes embarcaciones y el movimiento de barcos tuvo que ser cambiado a 14 km de ahí, donde se encuentra Puerto Chacabuco.
Otro lugar es Caleta Tortel, donde muchos llegan ansiosos a comer una paila marina o pescado fresco, hasta que se dan cuenta que de caleta no tiene nada, porque no es un pueblo de pescadores, sino que su economía está basada en la extracción de la madera.

Caleta Tortel

7. Pinturas rupestres

Toda la cuenca del Lago General Carrera, especialmente el sector del río Ibáñez, presenta evidencia arqueológica, especialmente pinturas rupestres. Se estima que las más antiguas datan de hace 8 mil años. Una de las cosas más interesantes en el arte rupestre es que su estilo fue evolucionando con los años de imágenes realistas a abstractas, al igual que la pintura moderna. Al principio los indígenas hacían escenas de cacería de guanacos, luego comenzaron a marcar manos en negativo y positivo (como las que se ven en el Alero de las Manos en Villa Cerro Castillo o en la cueva de las Manos en la Reserva Nacional Jeinimeni), para luego plasmar figuras abstractas como grecas y líneas.

Guanaca

8. La ciudad de oro

La obsesión por el oro desde que arribaron los españoles a tierras americanas duró varios siglos e incluso circuló la leyenda de la existencia de ciudades hechas de oro, como El Dorado en el sector de Perú y Ecuador. Patagonia tenía su propia versión, llamada la Ciudad de los Césares, que algunos creían habría sido fundada por españoles náufragos o exiliados. En su búsqueda, el sacerdote Jesuita José García Alsué realizó una misión exploratoria en 1776 recorriendo lo que es hoy el Parque Nacional Queulat. Se internó por el río Queulat hasta llegar a una cascada que se conoce como el Salto del Padre García.

Ciudad de Oro

9. Isla Friendship

Es un clásico de la mitología chilena y patagona. En los años 80 se dio a conocer el caso de una especie de congregación religiosa ubicada en los archipiélagos patagones, habitada por extraños personajes de aspecto nórdico. El primer contacto que se tuvo con ellos fue en 1985 por un radioaficionado de Santiago, quien aseguró que sus amigos estelares lo sanaron de cáncer después de haber estado en la Isla. También se decía que estos seres podían predecir el futuro y que tenían contacto con seres extraterrestres. Recibían visitas en sus instalaciones por medio de un moderno navío llamado Mytilus II, en el cual algunos elegidos eran transportados siempre de noche por los canales de la Patagonia. Varias expediciones han buscado sin éxito este lugar que estaría en las coordenadas 45°1’20.88″S 74°10’16.18″W.

Isla Frienship

10. La sotana milagrosa

Con sol, viento, lluvia o nieve. A pie, a caballo, auto o arriba de un bote. En un campo, en una isla o en la ciudad. El padre Ronchi podía aparecer en cualquier parte de Aysén, pero siempre con su sello indistinguible: su sotana. El “cura rasca”, como se autodenominaba, fue uno de los personajes más queridos y claves en la vida de los ayseninos, fundando poblados, escuelas, estaciones de radio, turbinas para energía eléctrica y un largo etcétera de obras. En muchas casas se le venera como a un verdadero santo y si uno habla con los lugareños, muchos aseguran que su sotana era milagrosa, porque siempre —y nadie sabe cómo— de ella sacaba alimentos para los más necesitados. Tortas fritas, queso, cecinas o arroz, eran sólo parte de lo que guardaba su vestimenta milagrosa.

Cura Ronchi

 

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